Se acercan los climas más fríos y es muy común en los países de Sudamérica que las familias almuercen o cenen deliciosos y abundantes guisos. La palabra “guiso” definía en tiempos lejanos a aquellas preparaciones elaboradas con guisantes – porotos, lentejas, garbanzos, etc – y cocidas en grandes ollas con agua.
Los guisos son económicos y muy rendidores, pero tienen muchas calorías.
Los guisos nos aportan proteínas y hierro porque contienen carne. Pero los cortes de carne que solemos utilizar en los guisos no son magros y poseen altos valores de grasas saturadas. Las verduras le aportan fibras, pero las vitaminas que estas tienen se pierden casi en su totalidad por la cocción. Los vegetales feculentos – con fécula, como la papa, la batata y el choclo – también le aportan muchas calorías a los guisos.
Un guiso aporta entre 600 y 800 calorías por plato. Si consideramos que una persona sana debería consumir alrededor de 2.000 calorías por día para mantener su peso corporal, entonces nos encontramos ante un plato que cubrirá por sí solo casi la mitad de las calorías del día.
¿Qué se puede modificar en un guiso para que una persona con sobrepeso pueda comerlo sin culpas? Tendríamos que elegir cortes de carne más magros, reducir la papa, batata y choclo para aumentar la cantidad de vegetales verdes y disminuir al máximo la cantidad de aceite en la preparación. Estos cambios en el guiso nos permitirán ahorrar entre 200 y 300 calorías por plato. Sorprendente, ¿verdad?
| Vía Aprender a Comer
Tags: Alimentos, Dietas, Nutrición
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